Camino de Santiago 1996



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CAMINO DE SANTIAGO

Jueves 8 de Agosto de 1996. Abro los ojos. Al mirar hacia la pared veo como la oscuridad se ve alterada por las líneas luninosas que, procendentes de una farola,  las rendijas de la persiana proyectan . Me encuentro cansado pero no me atenaza ningún bostezo. Podría levantare en ese instante. pero la firme intención de descansar lo mejor posible me impide tal propósito. En cambio trato de localizar el pulsador de la luz auxiliar del despertador: Una media hora aún. vuelvo a recostarme sobre la almohada y cierro los ojos como en un afán de recuperar el sueño, confiando en que ya se encargará el despertador de indicarme cuiando debo emerger de este semiletargo. Ya he perdido el miedo a no despertar a tiempo..


El bulto pesa tanto que dudo de si posteriormente podré hacer el camino con él a cuestas: podría desplomarme incluso en esa misma mañana. Confiado, me olvido de todo ello y hago mis cálculos para llegar a tiempo al vestíbulo de la estación de Chamartín...

No encuentro el cajero. Opto por sacar dinero de cualquier forma. quién sabe. Mis compañeros de viaje son excesivamente puntuales, pero lo son. Yo mismo hice de mi recriminación carente de sentido estricto una prolongada broma. 

Las focas holandesas de Mar se convierten en uno de los centros de atención durante las charlas mantenidas en el viaje. Comimos galletas y paseamos. Manolo se convirtió una vez más en centro de anécdota relacionado con desconocidas de nuestro camino.. Esta vez una señora mayor requirió que le alcanzase la maleta al llegar a Palencia. 

León 11.55 o casi, el tren fue puntual . ¿cómo movernos? Apareció en un cartel un cercanías que partía hacía Ponferrada una hora y cuarto después. Sin dudarlo. nos concedimos el tiempo necesario para descansar, sacar los billetes e ir a vistar la catedral gótica, una de las grandes ilusiones culturales de mi inculta vida.

La catedral se encuentra a unos 25 minutos de la estación de ferrocarril. No tiene pérdida, es salir hacia la derecha, y continuar más o menos todo recto.

Las vidrieras góticas nos impresionaron a mí y a Jose. Ya en la portada exterior, le pedí que posara junto a la virgen Blanca de la portada: éste sería nuestro primer testimonio fotográfico.

Con el tiempo ya ajustadito, nos precipitamos hacia el tren. Acomodamos las mochilas. nuestros cuerpos se expandíeron sobre los asientos. No encontré ningún plano que indicara nuestra ruta durante las dos próximas horas. El vagón era casi todo nuestro. Más adelante, pasado Astorga, nos dió la impresión de que lo era todo el convoy. Apostados sobre las ventanillas abiertas, observábamos cada detalle de nuestro Norte: La máquina de acero rojiblanca se adentra en los Montes de León y va bordeando minas de carbón de vetusta maquinaria pero en funcionamiento. y pequños pueblos con casas de  tejados de pizarra, material muy abundante en la zona.  La trepidante  máquina atraviesa varios túneles. El horizonte está sembrado de montañas. El cercanías efectúa numerosas paradas. 

En Ponferrada pudimos adentrarnos en un cercano parque para comer. Unas mesas con bancos nos vinieron que ni pintadas. Si te adentras hacia el centro del pueblo lo ves en obras. Siguiendo las indicaciones de un lugareño empalmamos con el camino en la carretera. Ya caminamos hacia poniente porque el sol así lo indica. El calor del duro asfalto me hizo reventar la bota derecha. Un temor me hizo pensar en el resto del camino. me calcé los náuticos con doble forro. casualmente un zapatero en Cacavelos según la guía me hizo recuperar la esperanza de mis viejas botas.. Ya tenía un malestasr en un talón y el uso de los naúticos me provocó una ligera tendinitis que a la postre me dolería.

Atravesamos durante 2 o tres kilómetros un largo pueblo. Camponaraya. Hasta por un loco disfrazado de guardia puidimos comprobar que en todas partes se sabía lo que era un peregrino.
poco depués de abandolarlo, el camino sigue por la izquierda. Nos tiende una alfombra de unos 5 metros de ancho en froma de subida, en cuyo final se ven las obras de una carretera, el camino , más estrecho ahora, continúa ahora entre viñas. de ellas emana el espectacular vedor del atardecer. hacia todos los lados se divisan unos campos inmensos. pasamos describiendo algunas cuvas junto a un bosque. el camino esta flanqueado por unos setos. hacia las nueve, nos adentramos en el pueblo de Cacavelos bajando por una cuesta.Nos detuvimos durante cinco minutos en una pequeña fuente. La guía nos indica que se puede dormir en el polideportivo. Lo primero que hacemos es visitar Prada a Tope cuyo dueño es un ex-legionario del Sahara muy atento con los peregrinos y del que ya teníamos referencias en Ponferada. No sabíamos como entrar . y por ello dimos varias vueltas desde el patio , hasta que al entrar por seguinda vez, un camarero nos mandó al balcon de arriba. una vista magnífica, un patio de madera con tejados de pizarra. adornado con geranios. Nos tomamos unos tintos  del Bierzo. Un hombre con aspecto de ser el dueño pasó a nuestro lado y nos saludó cordialmente antes de dirigirse al patio a departir con otros clientes. Supimos que tiene negocios en Madrid y Barcelona con los productos de la tierra.

El encargado del polideportivo se había ido ya pero alquien nos indicó que podíamos ir colocandonos donde pudieramos. buscando con la linterna hallamos un maloliente vestuario vacío . alli nos acomodamos. 

Viernes 9 de Agosto de 1996.Unos tremendos portazos nos sobresaltaban continuamente durante el amanecer. Incluso yo los introduje en mi sueño en Madrid. El lugar estaba solitario cuando salimos al exterior compramos en un pequeño supermercado y buscamos la zapatería. Compramos fruta en la calle. Tomamos la carretera en direccción a Villafranca del Bierzo, a continuación se cruza a la derecha y se asciende por un camino de piedras entre escasa vegetación y pequeños frutales. A la sombra de un arbol  nos paramos. Era la primera dureza que nos encontábamos en nuestro peregrinaje. Un cliclista valenciano que empujaba su bicicleta nos obsequió con unas toallitas perfumadas que durante el año había ido coleccionando para esta tercera fase de su camino a Santiago. Todos los peregrinos nos adelantaban: era obvio que no llevábamos un fuerte ritmo.

Permanecimos un rato a la sombra de la románica iglesia de Santiago en Villafranca del Bierzo Una mirada alrededor nos permitía contemplar el magnífico y estratégico lugar en el que se situaba el pueblo. Se encontraba flanqueado por montes. Era para mí sin duda el pueblo estandarte de la comarca del Bierzo. Este habría de ser nuestro lugar de encuentro con Marian y Fernando, concretamente junto al parador. Después de comer nos acompañarían en nuestro posterior periplo. Comimos junto a un pequeño jardín en una de las calles que permitían ver el estupendo enclave en el que se hallaba el pueblo.Dos eran los posibles rutas a escoger a continuación: la serranía, un poco dura, o el peligroso arcén de la nacional 6 durante 11 kilómetros. Esta fue la opcion para evitar un castigo de subida. Los primeros tramos tras desembocar 1km ern la nacional fueron tediosos: o ibas por arcen o ibas por un camino lateral lleno de piedras. yo llevaba tras de mí a Jose, para el cual estos tramos a la sombra se hacían especialmente difíciles. El calor del asfalto volvió a hacer mella sobre mi calzado, pero esta vez, sobre las dos botas. ante el miedo de una posible lesión opté nuevamente por los nauticos, a la vez que empazaba a estar decidido a comprar un nuevo calzado lo antes posible...

Marian y Jose optaron por probar suerte mediante el autostop. El resto del camino lo seguimos Fernando y yo un poco más adelantados que Mar y Manolo, más lentos pero a la vez más atentos que nosotros , porque poco antes del pueblo en el que nos detuvimos a esperarles, se tomaron un vino atención a pergrino a cuenta de la casa. Fernando se quejaba de los hombros. A mí ya no me dolía casi nada, ni siquiera los pies. pensaba continuamente en las botas.

Llegamos a Vega de Valcárcel y nos topamos con un señor que comprobamos que había estado charlando con Marian y Jose: Habían tenido éxito en su intento de autostop. Marian había tenido tiempo de tomar un baño en las frías aguas del Valcárcel. Además, ya nos habían acomodado en el albergue. Cenamos y paseamos. Nos tomamos unos exquisitos Bierzos rosados en el Mesón del Cazador. A la derecha en la carretera principal que atraviesa el pueblo. El río queda un poco alejado del margen izquierdo de la calle principal. se notaba el bajón de temperatura con respecto a la calurosa tarde que nos había caído. La noche transcurrió entre cansancio y bromas. Jose comentó que la noche anterior, durmiendo en el vestuario del polideportivo, se había desplomado desde lo alto de la esterilla, lo cual fue el genial desencadenante de continuas onomatopeyas y simulaciones del vertiginoso incidente. 

El habitáculo del refugio tenía un amplio espacio para maniobrar, desde el cual entablamos cordial conversación con unos ciclistas procedentes de la ciudad condal. La terraza situada en ese mismo piso proporcionaba una vista parcial del valle. Al día siguiente, en teniendo mayor luz, pensé en plasmar fotográficamente esa vista con unos cuantos de nosotros apoyados en el balcón, pero las nubes matutinas truncaron tal propósito. El lugar en conjunto era excelente, únicamente truncado por el moderno viaducto que se eregía en diagonal tras el refugio dando sustento a la carretera.

Sábado 10 de Agosto de 1996. La mañana nos saludó con unas amenazantes nubes que tapaban el horizonte ( adiós foto ) Sacamos capas y chubasqueros ante unas primeras gotas de lluvia.Solucioné felizmente la cuestión de mi calzado con unas ligeras botas que me sentaban como un guante, pero que en un afán de apretarlas correctamente me molestaban un poco sobre la recién incubada tendinitis. caminamos un rato sobre la carretera. hicimos 2 fotos de grupo, todos encapados, en diagonal con el fondo nublado. Mas adelante apareció una bifurcación: seguir por carretera o bajar por un camino. El camino se nos antojaba más gratificante aunque, segun nos comentaba un excursionista que lo siguió, a la postre se transformaría en una pared... El camino era una bonita bajada al principio, cercana al curso del Valcarcel ? pero pronto comenzo a subir entre vegetación y recobecos. era un poco duro y nos detuvimos un par de veces. 

Las Herrerías. Serafín nos detiene y nos briinda su particular bienvenida al camino de Santiago. Nos contó que el nombre del pueblo tenía su razón de ser hasta que a principios de siglo se agotó el mineral . A partir de noviembre se ven todos los prados blancos debido a las heladas, pero la nieve no los incomunicca. Serafín contó que conoció Madrid, y muy particularmente el Metro, en una escala de vuelta a casa desde Aragón durante el servicio militar. aunque la parada nos hizo tener un poco frío su charla fue amable. Mi organismo no agradeció la parada.; sí mi espíritu
Nos recomendó que en Crebreiro comieramos en Giraldo de Aurillac. Aún quedaban 8 kilometros
poco a poco desembocamos en la subida a O CCebreiro: Mirar para atrás de vez en cuando era una delicia para los ojos: paisaje brumoso. Un enorme valle, y al fondo por detrás un alto, posiblemente el mayor del macizo. Estábamos a punto de adentrarnos en Galicia. Hubo algunos tramos en que me quedé rezagado por quedarme a mirar. y la ascensión se me hacía pesada si se me ocurría acelerar para recuperar, así que preferí seguir con mi ritmo. algunas ráfagas de viento frías me fastidiaban porque estaba sudando. A Jose en cambio le resultaba gratificante. Cebreiro se divisaba al fondo a la izquierda, como en una especie de collado. Lógicamente, el camino se iría curvando poco a poco hacia la izquierda. La cordialidad entre peregrinos se hacía patente en aquellos duros tramos. Allí entablé conversación con un muchacho de dolorida rodilla. afortunadamente me aseguró que no era nada. Antes de dejar atrás a su grupo, les recordé que miraran hacia atrás de vez en cuando:
- Para darnos cuenta de lo que hemos hecho, verdad?
- Además de eso, observad el paisaje. Es alucinante. En ese momento unas brumas se confundáin con algún tímido rayo de sol y acompañaba al verdor de las laderas y del valle.
Mas asdelante se detuvo - como para esperarle - una chica que les acompañaba. Al rebasarla, estuve a punto de saludarla efusivamente, porque su cara me resultó familiar...

Cuando quise darme cuenta, advertí que habíamos coronado nuestro propósito. algunos minutos más tarde llegaron Marian y Fernando. Hacía un poco de frío.

El lugar de Giraldo de Aurillac estaba lleno. Más adelante supimos que el refugio de peregrinos estaba incómodamente lleno a la hora de dormir. Comimos en un mirador. Compramos lo que nos faltaba en un mesón cercano. A Jose le sentó especialmente bien la comida, porque el sólido sustrato fue a ocupar el lugar de unos molestos "gases", acto que no reprimió ni disumuló, en presencia de unos sonrientes viajeros. Poco a poco asomó el sol con más fuerza, y ello nos permitió tener otras vistas, al otro lado del valle.

Al poco rato nos volvimos a poner en camino, poco a poco advertimos que nuestro camino se estaba convirtiendo en algo muy peculiar, en el que las etapas las hacíamos de manera que partíamos por la mañana y finalizabamos por la tarde de media en media etapa.

Fuimos bajando por la carrretera, nos cruzamos con varias sucesiones de hermosas vacas, El sol nos acompañaba. dejamos momentáneamente la carretera, punto en el cual nos encontramos con un enorme monumento al pergrino. y subimos y bajamos por caminos laterales.

Llegamos a Hospital da Condesa con la intención comprar algo para cenar. dimos vueltas por el pueblo. una aldeana nos indicó que eso iba a ser imposible, de no ser que subiéramos al alto del Poio. Esa era nuestra intención, quedarnos a dormir allí cerca, en Padornelo. pero nos indicaron que eso no estaba muy claro así que optamos por quedarnos en el albergue de Hospital da Condesa. y ya solucionaráimos el problema de la cena aunque fuera subiendo a dedo. Nos acercamos Manolo y yo al refugio a confirmar la posibilidad de quedarnos. Allí fue donde conocimos a Antonia y Eladio, quienes nos invitaron a pasar hasta que llegase la hospitalera.

Cuando fuimos a avisar al resto del personal, ya venían. Jose y Mar portaban entre ambos mi mochila entre el cachondeo de todos los espectadores . 

La joven hospitalera nos planrteó los primeros problemas al nos llevar credenciales.Comprobó nuestros DNI Nos aseguró que sin ellas sería difícil que durmiéramos en posteriores refugios, y nos recomendó que para solucionarlo habláramos con el párroco de Triacastela, aunque ya en Galicia era muy difícil.

Solucionado ese tema sólo quedaba el de completar la cena: patatas, huevos, algo de leche para el desayuno. Tambien lo conseguimos a traves de la madre de la Hospitalera, como favor particular.
La existencia de una cabina telefónica junto al edificio del albergue para peregrinos de la Xunta se convirtió en una oportunidad para llamar a casa. además era Sábado . Y así lo hice. Sólo estaba Alfonso, con el cual mantuve una suficiente charla. el se iría a Málaga a los pocos días. 

En una cocina equipada con todo lo necesario nos dispusimos a compartir con Antonia y Eladio nuestros manjeres. Además se unieron tres ciclistas murcianos que nos habían orientado sobre nuestra falta de credenciales. la cena fue compartida así por todos, ya que juntando las tres mesas pudimos situarnos alrededor de las mismas. 

Finalizada la cena y recogido todo, Antonia y Eladio salieron a observar el cielo para ver si aparecía alguna estrella fugaz. según él , las noches del 10 al 15 de Agosto eran las más idóneas. Yo discrepaba con él en algunos pocos días. La charla se prolongó durante unos minutos hasta que decidieron ir al sobre.



Si con desechos manchares
o ensuciares con basura
de este lugar la hermosura
sufras fuerte indigestión
y en camisa y pantalón
cienmil hormigas pillares. 


Domingo 11 de Agosto de 1996 Marian y Fernando teníían que seguir su camino. Con la intención de coger un avión en Santiago, volvieron a la carretera en busca de autostop. Domingo = diifícil. 
Al despedirnos de ellos, les dije que era una pena, porque ya nos habíamos aclimatado muy bien.
Cuando superamos el pueblo de Hospital da Condesa, las brumas volvieron a apoderarse una vez más del paisaje gallego montañoso. la subida dejaba al margen derecho un valle, con unos prados en plena pendiente. Al poco. apenas tres Kilómetros, llegamos a Padorrnelo -pequeño lugar- en el cual dedujimos que tendríamos que haber dormido de cualquier manera. 

Al poco coronamos el Alto del Poio. Una cafetería nos tentó pero seguimos adelante. Inmediatamente la bajada cogía de nuevo la carretera. rociaba bastante. la humedad impedía que se secara la ropa. Nos armamos con linterna ya que la visibilaidad era escasa y , yo con chubasquero azul claro y por lo tanto bastante bien visible, presidí la comitiva, los tendidos de alta tensión chisporroteaban a pocos metros sobre nuestras cabezas en en punto en el que cruzaban la carreterra: estábamos literalmente comiendonos las nubes.

El camino se desviaba en un punto hacia la derecha para seguir por un sendero transcurriendo casi paralelo a la carretera, aunque poco a poco se abría. En algunos momentos pisábamos una moqueta forrmada por la hierba. poco a poco el sendero se veía arropado por paredes laterales de vegetacíon. En un determinado momento me pareció bastante oportuno plasmarlo.

Una hora u hora y media después del mediodía arribamos a Triacastela. Vimos el refugio antes de entrar en el pueblo. nuestra intención en principio era conseguir las credenciales. Pero quizá el encargado nos podría informar; Manolo y Jose se sentaron en la hierba;  Mar y yo nos acercamos : eran edificios de piedra, acondicionados perfectamente y acristalados aunque acorde con el ambiente. Allí nos encontramos a Antonia y Eladio. Una multitud - Bueno, no tanto- y una larga cola de mochilas denotaban que había demanta de estancia. No nos preocupaba el hecho de si nos íbamos a quedar o no porque pretendíamos seguir, había que localizar al párroco y teníamos que comer. El hospitalero no llegaría hasta las 4 , así que nos dirigimos primero a la parroquia, y a continuación a un sitio recomendado por Antonia para comer una exquisita ración tortilla de patata en un plato: Río era el nombre del lugar. Allí también probé eñ caldo gallego.
Tomamos dentro un café y volvimos pasadas las 4, Localizado el amable hospitalero, nos recibió calurosamente.
-Es usted el encargado.
- Sí. Bienvenidos
- Bienhallado
-Pasad Pasad.
Al plantearle nuestra intención, nos dijo que las credenciales o la carta de recomendación de un cura sólo las podríamos obtener en una parroquia, pero que no obstante él podría sellarnos y firmar en un papel demostrando nuestra estancia en el albergue, pero que lo teníamos que decidir rápido porque quedaban muy pocas plazas libres.

Al consultarlo con Manolo y Jose, decidimos quedarnos. Parecía un sitio agradable para pasar la tarde noche, y allí teníamos amigos.

El hospitalero nos distribuyó en los pocos sitios vacantes: estuvimos todos separados salvo Manolo y Jose. Yo me acomodé en un compartimento junto con otros tres jóvenes muchachos que estaban a punto de tumbarse. Una vez colocados mis enseres salí al pasillo. . En un lateral los módulos disponían de unas terrazas acristaladas desde las que contemplabas el magnífico ambiente exterior. y en una de las sillas tipo terraza me acomodé y saqué mi cuaderno de bitácora para hacer algunas anotaciones, mientras esperaba a que Mar - la mas cercana - saliera al pasillo. Una vez nos vimos todos fuimos explorando poco a poco el lugar: lavamos ropa - aunque sin pensar en la imposibilidad de que ésta se secase- y nos duchamos. Ayudé a Jose a conducirse a su habitación después de la ducha y despuiés nos volvimos a encontrar en los fregaderos. Silbando canciones folk, restregamos y restregamos sobre el excesivo jabón acumulado. al salir a los tendederos vimos a Mar, Manolo,  Antonia (Eladio estaba reposando en la litera y se sumaria después ) y otros dos contertulios charlando en el prado. Al terminar de colgar la ropa nos juntamos con ellos, ...y fue allí donde poco a poco fuimos conociendo a Ana Y Tuco, dos cordiales y generosos hijos de la tierra gallega  residentes en Vigo.
Permanecimos un buen rato tumbados y/o sentados sobre la hierba. charlando y riendo sobre infraestructuras,vivienda, hidroeléctricas, agua,, metro, conduccción, carreteras de circunvalación en Madrid que "están a punto de llegar a Vigo", trabajo, estudios, Galicia, Santiago de Compostela y qué sé yo qué más... La belleza del lugar la atmósfera brumosa sobre el valle convirtió aquella tarde en una de las más entrañables del camino. Curiosamente, todos los lugares en que teníamos pensado seguir adelante antes de llegar y en cambio nos quedamos -por alguna razón y por muy pequeña que fuera-  se convirtieron en días especialmente mágicos. La intención de ellos era volver a Río, nosotros, como siempre tendríamos que decidirnos:
	- Vamos, Madrileños, que vais a perder el Metro.
	- Ja Ja Ja.
Cenamos en el salón del segundo piso. todos juntos en torno a una mesa.
La oscuridad fue poco a poco cayendo en nuestro camino de retorno hacia el albergue.
Otro tema de conversación fue el camino del día siguiente: había dos posibilidades. Eladio me comentó que a pesar de lo desagradable que podía ser seguir el camino de asflato en lugar de la alternativa histórica que ofrecía la guía, Samos era un lugar digno de ver, y además era impresionante ver la panorámica del monasterio cuando te acercabas por la carretera.
Ana y Tuco se retiraron con la firme intención de madrugar. Parecíamos convencidos de volver a encontrarnos. Antonia y Eladio sugerieron que al llegar a Sarria y si nos venía bien nos acercásemos al Hotel Alfonso IX, donde ellos estarían hospedados.
Como colofón se impuso una sugerencia de Jose de dar lectura y comentario a unas lecturas de Tagore planificadas por Jose. La luz de una de las farolas y el prado sirvió de fondo a tal evento.
Con ello finalizó la velada. "Ten piedad de mi, reina mía". 

Otras anécdotas: El Austriaco. La pareja mal avenida que durmió en una tienda de campaña. 

Lunes 12 de Agosto de 1996. Me despiertan unos repetidos portazos : los de todas las cuadruples dependencias, desde las cuales poo a poco se van precipitando los inquilinos hacia los lavabos o hacia la partida definitiva dejando atrás el paradisiaco refugio de Triacastela. Miro repetidas veces hacia la ventana y desde el exterior veo la penumbra: Amanece poco a poco entre la densa bruma. Doy varias vueltas disfrutando de la comodidad, sin apenas pensar en lo bien que me vendría ese descanso, `porque menuda era la jornada que se nos avecinaba. A las 6 y media suena suavemente la alarma digitalel relog de pulsera de uno de los tres muchachos que compartían mi dependencia: veo que pocco a poco se incorpora y llama la atención de los otros que, disiplinada y silenciosamente, se incorporan , se asean y recogen. No quiero mostrarme excesivamente frío antes de su partida porque al fín y al cabo son compañeros no sólo de cuarto sino de cruzada, así que rompo el hielo: 
- Podéis encender la luz si queréis; no me molestará, estoy bien despierto ...
- Ahora...
- ¿ Hacia donde váis a llegar hoy ?
- Queremos ir a Ferreiro. 
Dos etapas en una, pensé. Bueno son jóvenes.
-Nosotros iremos de momento a Sarria sin pasar por Samos, y después seguiremos hasta quién sabe donde, si no tenemos apaño allí.
- Bueno, nosotros depende de cómo lo veamos: a lo mejor nos quedamos en Sarria , pero sí pasaremos por Samos.¿Cómo es que no te levantas ya?
- Esperaré a que haya un poco ´más de luz, porque uno de mis compañeros no ve bien
Recogen sus últimos enseres y parten. Mutuamente, nos deseamos buen camino.

Para el desayuno nos faltaba leche. La conseguimos en el bar aunque no se podía. Le dí a la encargada por lo tanto un poca más de lo que pidió (encima la dije que era para beber en el camino.)

En una marquesina de autobús, desayunamos y derramé una buena parte de mis Cornflakes al suelo. se me explotó la bolsa en una desafortunada maniobra.

Se nos acopló Mª Angeles, dijo que le daba miedo andar sola por la niebla, y que estaría callada.
- No , no, tú habla. Exclamé.
Poco a poco la niebla fue dando paso al sol sobre la carretera: presidía yo la comitiva sobre el arcén cuesta abajo con el chubasquero azul ya que de vez en cuando peligraban los camiones, circunstancia que aclaré a la peculiar invitada que compartía charla mayoritariamente con Manolo. me llamó la atención porque una de las veces no me giré a dar la señal de "Cuidado"
- Esta vez no has avisado, number 1, exclamó como si le pareciera curioso que hiciera repetidas veces un ritual tan absurdo como innecesario.
- Están ya un poco rezagados, dije refiriéndome a Mar y Jose.
No me apeteció explicarle que mis señales de aviso eran para que Jose no perdiera su atención sobre el arcén cada vez que se acercaba peligrosamente un pesado vehículo.

Poco antes de que la carretera llegara a San Cristóbal ? la peculiar acompañante se desvió por un camino que ascendía. desde él nos dijo que el camino que nosotros queríamos coger, nos lo estábanos saltando. En la encrucijada, al otro lado de la carretera, esperamos a Mar y Jose, ya bastante rezagados. Una señal indica el camino a seguir a pie, siguiendo bosques de flora autóctona. Esta alternativa pensamos en un principio que era la que nos guiaría hacia Sarria sin pasar por Samos.
Al poco nos adentrábmos en una pequeña aldea. sobre el puente hicimos una a la postre malograda instantánea. y además volvimos a detenernos un poco más adelante y entre unos útiles de labranza, improvisé un bendaje para la dolorida rodilla de Jose. El resto del camino hasta Samos, fue en su mayoría el Couto do Oribio. 
La vegetacción arropaba todo el camino. En algún momento daba l aimpresión de que podía aparecer un caballero templario o un  mago Merlín. La abundante vegetación convertía a la corredoira en oscura pero atractiva, y la falta de suficiente luz y la probable repeticion de estas escenas durante el resto del sendero me hizo decidir a no tirar fotos. Manolo robó una manzana.

Junto a una pradera tomamos una onza de chocolate a la vez que reposamos. con el camino recorrido perdiéndose en un cambio de rasante, fotografié a Jose que con la rodilla herida´y vara en mano adoptó una pose guerrera. Otra malograda instantánea.

Inesperadamente, durnate una cuesta abajo, nos encontramos junto a un muro con un claro en la vegetación que daba lugar a una magnífica vista de un monumento arquitectónico.
-¡ Es el monasterio de Samos! Exclamé incrédulo. Pero ¡Si deberíamos estar camino de Sarria., pero evitando Samos! LLevábamos un buen trecho andando y fuimos a parar al mismo sitio que si hubieramos seguido la carretera. Bueno fue que por el simple hecho de evitarla y adentrarnos en los bosques, al fin y al cabo había merecido la pena. pero ya dedujimos que habría que seguir caminando por la tarde hasta llegar a Sarria, donde decididamnete un médico debería examinar la rodilla de Jose. Bajamos la cuesta y Samos nos recibe con un ambiente marcadamente rural pero que enseguida toma otro cariz cuando , aproximandonos al monasterio, cruzamos el puente sobre el río. Unos angloparlantes nos preguntaron por la dirección el camino a la postre, y creo que les confundimos ...

El monasterio tiene turnos de guía para visitar su interior y su claustro. y habíamos perdido el último, que era a las doce y media. . Todo lo más que pudimos hacer al adentrarnos al vestíbulo fue comprar " la tira" de postales, ya que de ningún modo quise renunciar a la posibilidad de conservar unas imágenes en la mente.. Recibí la recomendación del amable clérigo que me atendió, de regresar por la tarde tras comer unos churrascos en el pueblo, detalle que me sorprendió.

Al ir a solucionar el tema de la comida, con la intención de quién sabe qué hacer después. Casualmente apareció lo que íbamos a buscar a Sarria: un centro de Salud, así que aprovechamos para adelantar la atención de la dolorida y ligeramente hinchada rodilla de Jose. La doctora, con más prisa que dedicación pues cerraban a la una, le recetó una pomada y le garantizó ante la pregunta de Jose, que podría llegar a Santiago. Ni siquiera había retirado el bendaje que le preparé  ni examinado lo que había debajo de él, pero sus palabras nos infundieron optimismo.
Después de comer frente a una fuente en esa misma calle -donde los transeúntes nos saludaban, y un niño aprovechó el cazillo de Manolo para beber-, y de tomar un café un poco más arriba nos pusimos en camino hacia Sarria.con el firme conviencimiento de que para llegar debíamos soportar unos cuantos kilómetros de carretera. Valorada la situación y tras Dividirnos en dos subgrupos nos pusimos en camino. Mar y yo queríamos andar: Manolín acompañaría a Jose en el intento de hacer auto-stop en las afuers. Les dí doscientso metros de ventaja tras desearles suerte. y Mar y yo iniciamos la marcha.


Poco antes de llegar a las afueras en esa misma calle principal un hombre situado en la acera adyacente nos indicó que aquel no era el sentido a seguir. Lo hizo insistentemente, pero no tardamos en comprender que se trataba de una broma:
- El sol se pone por poniente.- afirmé categoricanmente para rebatirle.
Como todo lugareño. su trato hacia los peregrinos era cordial. Nos descubrió una alternativa interesante para llegar a Sarria: Pasado el segundo pueblo, a unos dos a tres kilómetros, a cien metros de la salida de éste se eregía una señal del peregrino caminante. con su flecha que iniciaba un camino a pie.
- Así vais por la sombra. Sin dudarlo Mar y yo decidimos abandonar la carretera aún imaginando que el trayecto sería superior, pero presumiblemente  gratificantre. Yo imaginaba los senderos arropados por vegetación. Nos despedimos del amable "aldeano". 
Más adelante nos encontramos con Manolo y Jose. Les pedimos las "credenciales" por lo que pudiera suceder, aunque estábamos convencidos de que nos íbamos a encontrar en Barbadelo.

			*	*	*
Antes de adentrarnos en la ruta a pie Mar y yo nos recordamos la necesidad de poner especial atención sobre las flechas amarillas, puesto que un despiste podía traducirse fácilmente en un contratiempo. El camino se hizo largo; hacía calor pero la variedad de flora, cruce por los arroyos, subidas y bajadas por cerros nos animaba a disfrutar de cada detalle del paisaje. A los pueblos que abravesamos el calificativo de perdidos les viene com anillo al dedo. Entre pueblo y pueblo se experimentaba una sensación de soledad un tanto especial. Una de las pocas veces que nos turbaron los acontecimientos de los alrededores fueron las voces de una anciana cuyo aspecto era realmente brujeril, que caminaba un poco más adelante. Y que voceaba.. luego comprobamos que a un hombre, pero hasta que nos dimos cuenta pensábamos que lo hacía sola, y que si no andábamos más despacio nos convertiría en sapos o nos haría lo que a Hansel y Grettel. En otra ocasión fue el "bocinazo" -original- de un ciclista :
- Hombre, cuánto tiempo sin ver una bici.
- Las bicis van por la carretera, verdad.
-Merece la pena venir por aquí.
Caminábamos a un buen ritmo, incluso en las subidas, y sólo nos detuvimos en 2 ocasiones para beber agua para permanecer un ratito a la sombra. Miento: otra de las veces que nos detuvimos fue porque a la salida de un pueblo tras dar un giro a la izquierda apareció una señora que nos vio dubitativos y nos llamó la atención:
-Buenas tarde, dijo la abuela a dos despistasdos montañeros que dudaban de si seguían la ruta correcta, ya que hace tiempo que no veían un mojón.
- Vamos bien para Sarria?
- A unos cuatro kilómetros. Se va mejor por aquí que por la carretera, pero lo malo es que este camino es un atraso...
Que el camino les sirva para algo.
- Gracias.
.
Barbadelo nos parecía un corto trayecto a priori. Por ello llegar a Sarria nos dio la impresión de ser la misión cumplida: "Sólo tendriamos que atravesar el pueblo y llegar al puente del río. Allí estarían Manolo y Jose si hubieran tenido suerte. si no, yo no quería ni pensar cómo podríamos resolver si no hubieran conseguido hacer  auto stop en Samos...
Se sucedían los mojones por fín.: Habíamos llegado tal y como era mi sospecha, a la ruta clásica del camino de Santiago. poco a poco fuimos detectando un cambio total. Urbanizaciones con chalets en las afueras de Sarria.

...Y por fín, Sarria. Decidimos parar a refrescarnos. Nos apetecía un montón una Coca Cola. A Mar le apeteció además un bollo. Tuvo que ser un helado porque a esa hora se había agotado la bollería. Dado que antes vimos un cartel del hotel Alfonso IX, dije:- No cuesta nada acercarnos, saludar a los de Cartagerna y tomarnos algo con ellos y seguir. Pero la panadera nos señaló que estaba un poco lejos el Hotel, aunque a la vista. Decidimos refrescarnos por nuestra cuenta y continuar. Volvimos a coger las indicaciones amarillars para avanzar, y cundo quisimos darnos cuenta nos plantamos junto al Hotel.. que nos recibió con una melodía de Lou Reed que motivó mucho a Mar.
Les avisamos por el teléfono, nos invitaron a subir a la habitación 101 Esperamos a Antonia y bajamos a la cafetería. Nos tomamos unos refrescos e intercambiamos impresiones, y direcciones.
Recuperamos -preguntando- el camino y al entrar en el casco viejo nos despedimosde ellosNos encargaron que transmitiéramos sus palabras de ánimo a Jose. Eran las ocho menos veinte y ellos querían hacer unas compras.Nosotros cruzamos y ascendimos por una vieja calle. Pasamos una iglesia. la vimos, había frente a ella un local en pleno ensayo. Llenamos agua en el parque.


Continuamos junto al cementerio, antes de llegar al monasterio nos advirtió un señor de que allí ya no tendríamos albergue, porque ya no lo dedicaban a tal fín. 
- No vamos a hacer noche aquí. 
Una vista atrás ofrecía una panorámica de Sarria: era grande, no tenía nada que ver con otros pueblos lucenses que veníamos viendo. La mayoría eran bloques de varios pisos. Yo apuntaba que si me decían que aquello era Lugo, lo mismo me lo creía. 

Después de bajar una cuesta cruzamos una carretera estrecha y nos encontramos con lo que supuestamente era el río que señalábamos en la guía, y su puente sobre el cual nos tendríamos que encontrar. No estaban Manolo y Jose allí. Era tarde, no había otra opción que seguir...

Nos acercamos a la vía del tren justo cuando pasaba un convoy. Algo me decía que el camino por recorrer iba a ser gratificante...
El camino nos confundió. Seguimos las flechas que estaban pintadas con mayor claridad. Subimos por el bosque unos 200 m y llegamos a la carretera...Dudábamos en ese momento de si por aquí se iba a Vilei., nuestro próximo objetivo.... Lo preguntamos, y nos afirmaron que sí.
Pero no pasamos por Vilei. Un cartel de desvío nos indicaba Barbadelo a 2 Km. Tampoco vimos las casas ni la ermita que señalaba la guía: fuímos a parar a Barbadelo: una jovencita nos dió este nombre al preguntarle por el nombre del pueblo en el que entrábamos. Tras preguntar y caminar un poco,aparece el refugio en las afueras. frente a la torre de una iglesia. Fin de trayecto por ese día , en el que casi en todo momento anduvimos por rutas en que la guía no avisa. 

La bienvenida al lugar nos la da un techo como para orquesta, ograderío simple de ladrillo y pintado de blanco. En él vemos ropa tendida y varios jóvenes. que nos saludan:
- Os espera Manolo, pero ahora está en la ducha.
- Estupendo. Hemos quedado con él aquí.
- Vais a dormir aquí.
Tras un segundo de decepción por no tener colchón después de un día de caminatas, sonrío y apruebo satisfactoriamente.
- Ah, pues, no está mal... Ahora os vemos.
Nos recibió la hospitalera, a quien pedí, por seguridad, que comprobara la inscripción de Manuel Reyes y Jose María Rivera. Al decirme, "sí" no me figuré nada de lo que había sucedido...
Salimos hacia afuera y aparecieron las sandalias del larguirucho Manolo bajando por la escalera.
Tras la primeras puestas en común y novedades, pregunté:
-¿ A qué hora habéis llegado?
-He... llegado


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